Durante los últimos años del siglo XX, una vez derribados los regímenes autoritarios que plagaron los distintos países de Latinoamérica en las décadas de los 70 y 80, comenzará a asentarse de modo cada vez más potente, la idea de escribir acerca de aquellos grupos de la sociedad que por diversas razones habían permanecido “en los bordes” de lo que se consideraba “políticamente correcto” o al menos  “aceptable” dentro de la conservadora cultura que ha caracterizado a este continente desde siempre. Es así que, iniciada la década de los 90,  algunos/as autores/as, en pos de los vientos de renovación y cambio que soplaban en este momento histórico, se atrevieron no sólo a escribir sino también a publicar obras en que se retrataba una América Latina diferente, distanciada de referentes mágicos o estereotipos promovidos por la estética del BOOM, centrada más bien en la firme intención de develar el ser, el sentir y el hacer de personajes representativos de segmentos de la sociedad que se mantuvieron invisibilizados a causa del  negacionismo la vergüenza o simplemente por no ajustarse al canon literario.

Motivados por esta intención, autores/as de distintas nacionalidades comenzaron a crear y a divulgar sus obras en las que los protagonistas eran justamente personajes excluidos, representativos de “minorías” o simplemente seres de los que nunca se hubiese pensado hablar en literatura y que ahora encontraban su momento y su lugar.

Uno de los precursores de esta línea literaria será Manuel Puig (1932), escritor argentino y activista LGBTQ+, autor de importantes novelas en las que abordó con valentía y honestidad el tema de las disidencias y diversidad sexual mucho antes que otros artistas del continente.

El beso de la mujer araña novela de su autoría  publicada en 1976, será uno de los testimonios más emblemáticos de esta nueva propuesta. En esta obra, la narración comienza con el diálogo entre dos hombres que se encuentran privados de libertad y comparten la misma celda: Valentín y Molina. Valentín es un preso político y Molina un homosexual que está condenado por una confusa situación a la que las autoridades han asociado con la corrupción de menores.

A pesar de que ambos personajes se encuentran encarcelados por motivos muy diferentes, la novela se centrará en el cautiverio de dos seres que son, en apariencia, muy distintos pero que compartirán su gusto por el cine y las historias de fantasía. De esta manera, ambos pasarán el tiempo relatando y analizando fragmentos de películas aportando cada uno perspectivas diferentes. Es esta acción la que se transformará en un pretexto para que cada uno revele al otro detalles de su propia vida iniciando, de esta forma, un vínculo que trascenderá sus circunstancias y se irá tiñendo de los más genuinos y profundos sentimientos.

En el contexto de esta naciente amistad, Molina es tentado por la autoridad a acceder a su libertad a cambio de obtener información acerca del grupo revolucionario al que pertenece  Valentín lo que implicaría traicionar a su compañero de celda quien,  a estas alturas, se ha transformado en su amigo. Enfrentado a esta disyuntiva, Molina decidirá ingeniárselas para obtener su libertad sin tener que llegar a revelar información que le ha entregado  Valentín acerca de su vida como revolucionario ideando un plan que involucrará incluso el hecho de arriesgar la propia vida por salvaguardar la integridad de este hombre con el cual ha forjado un lazo indestructible y eterno muy parecido al amor.

Más allá de quedarse en la idea de una simple historia romántica, esta obra pone de manifiesto temáticas o materias como la marginalidad, representada por los personajes de Molina y Valentín ambos “al borde” de la sociedad, rechazados, excluidos del mundo por sus preferencias y/o ideales políticos. El arte, materializado en el uso del recurso de narrar películas lo cual funcionará como un elemento liberador y también como un motivo para que los personajes descubran que tienen más aspectos comunes de lo que pensaban. La paradoja, pues Molina y Valentín representan una dualidad o dicotomía entre la fragilidad y la rudeza, el romanticismo y el heroísmo conceptos que, con el transcurrir de la trama, terminarán volviéndose complementarios y no opuestos.

De tal forma, esta novela dará cuenta de  algunos de los aspectos más  nobles de la condición humana más allá de los prejuicios, caricaturas o estereotipos dejando al descubierto que poco importa el rótulo que la sociedad o incluso nosotros mismos nos hayamos impuesto porque lo relevante no está centrado en lo que pretendemos que el mundo crea de nosotros sino más bien en lo que de verdad en esencia somos.

Sin duda, Manuel Puig y su propuesta abrirá camino hacia un nuevo rumbo de la literatura producida en este continente, inaugurando el tránsito por una senda que más tarde seguirán quienes hoy consideramos íconos de una propuesta que refleja de modo honesto y fidedigno los tiempos en los que vivimos y también un nuevo modo de abrazar las diferencias que en él existen en vez de enfrentarnos, resistir o negarnos a su existencia.

Andrea Hidalgo

Deja un comentario